Hace un par de meses un
psiquiatra me diagnosticó Trastorno Obsesivo Compulsivo – TOC – un trastorno de
la personalidad que entre otras cosas propiciaba que yo fuera una persona muy
controladora y tuviera ciertas manías menores, las cuales por cierto –
según yo creo - no interfería en la vida de otras personas, por ejemplo, me
molestan los números impares y las figuras y espacios asimétricos, me lavo mucho las manos y ordeno las cosas de forma ascendente según su tamaño o color.
El golpe fue duro en ese
momento, el psiquiatra dijo ‘tienes trastorno obsesivo compulsivo con rasgos de
personalidad, vas a tomar éste medicamento en la mañana y éste en la noche, vas
a visitar una psicóloga y vienes a control en 15 días más’… yo siempre había
sabido que soy una persona ‘rarita’, atípica o ‘poco convencional’ como me dijo
una vez mi compañero de vida, cuando estaba en pleno proceso de conquista; pero
que un médico me explicitara que presento un trastorno de la personalidad fue
una bofetada en la cara. Al principio me sentí muy triste, más aun cuando me
dijo que el tratamiento dura dos años y que ‘o me embarazaba o me hacia el
tratamiento’, no se podían las dos cosas por riesgo al feto producto de los
medicamentos.
Todo comenzó al notar la
somatización de mi cuerpo cuando pasaba algún problema o rabia muy grande,
desde molestias en el estómago y ganas de vomitar, pasando por temblores en las
manos, cabeza y todo el cuerpo, dejar de comer por días, hasta llegar a que se
me adormeciera el brazo izquierdo en una discusión muy acalorada; sin lugar a
dudas esos síntomas me llevarían en algún momento al hospital, con un accidente
vascular o peor.
Como buena obsesiva,
investigué en internet todo acerca del TOC y los medicamentos recetados, informándome
de los síntomas, bases neurológicas del trastorno y los riesgos asociados a los
barbitúricos; y claro, todo lo leído concordaba con cómo me sentía; los
pensamientos recurrentes y punzantes que no me permitían concentrarme 100% en
lo que estaba haciendo, iban mellando mi autoestima, seguridad, confianza,
potencial cognitivo y productivo y por sobre todo, estaban debilitando y
agotando mi relación de pareja… ¡hay de mi pobre compañero de vida, que me ha
aguantado estoicamente tantos años!.
Vivir siendo TOC no es fácil…
hay una sensación de injusticia constante con el mundo, hay días de
encabronamiento contra el universo y un sentimiento de frustración al no poder
controlarlo todo, se siente como el 'toc toc toc' de golpear una puerta, pero en la cabeza, con pensamientos que golpean constantemente mientras hacía otras cosas, eso hizo que me alejara lo más posible de la gente, evitar
agregar más personas a mi círculo de afectos, ser desconfiada y huraña.
Y Ahora… los medicamentos (fluvoxamina
en la mañana y risperidona en la noche), los comencé a tomar con temor, pensando
que me harían automáticamente dependiente, torpe, lenta, adormilada y que
causarían desmedro en mis capacidades cognitivas (las que me he esforzado en
cultivar por sobre mis habilidades sociales); el médico me dijo que no
provocarían eso en mí, que simplemente bajarían las revoluciones a mi cerebro,
que lo dejarían a 100 km/h, porque en ese tiempo funcionaba a 200 km/h y en
cualquier momento ‘fundiría el motor’ si lo seguía forzando a más de su
capacidad normal. El primer día de fluvoxamina me sentí muy enlentecida y
olvidadiza, sentía que caminaba de manera torpe y lenta; reacción que no fue
igual al segundo día donde ya me sentía mucho mejor, simplemente me sentía –
como diría la genial humorista Natalia Valdebenito – ‘todo bien, todo bien,
todo bien’, como que nada me hacía mayor problema, sensación que fue cambiando
al pasar los días, cuando ya logré sentirme ‘normal’, nuevamente activa,
concentrada en mi trabajo y capaz para hacer cualquier labor de la casa… pero –
deliciosamente – sin los pensamiento constantes y punzantes de control, ya no
estaba pendiente de la hora en que llegaba mi pareja a casa ni me daba el
trabajo de interrogarlo inquisitivamente acerca de su itinerario diario (espero
que el haya notado el cambio), la cosa es que no fue algo forzado… simplemente
ya no me esforzaba en encontrar el detalle omitido que me hiciera buscar algún
engaño o mentira de su parte… claramente historias que armaba en mi cabeza
durante el día. Al ver esto sentí compasión por mí, por cómo había vivido mis
27 años anteriores, con pensamientos flagelantes innecesarios, dolores de
estómago auto provocados (inconscientemente claro); fue un alivio sentirme ‘libre’,
comencé a vivir con más agrado y amabilidad, no estaba constantemente
encabronada con el mundo y mi relación de pareja volvió a florecer como en los
primeros tiempos, claro, eso también debo agradecerlo a una terapia alternativa,
‘verde y natural’ que comenzamos a
experimentar en conjunto y que antes no me había atrevido a probar.
Hoy puedo decir que los
medicamentos cambiaron mi vida, o cómo me dijo sabiamente mi hermano ‘los
medicamentos no cambiaron tu vida, tomar una acción para cambiar tu vida fue lo
que la cambió’, ante ésto corrijo mi pensamiento… los medicamentos me ayudaron
a ordenar mis emociones y pensamientos, a tomar otra actitud sobre el día a día;
no es quitarle seriedad a los problemas, es buscarle soluciones sin empantanarse
en ellos, aprender a surfear lo dulce y agraz del vivir y no sufrirlo… y ESO,
cambió mi vida.
Amor mío, espero tus
impresiones, y me gustaría leer algo llamado ‘vivir con un TOC’ jejeje… gracias
por mantenerte estoico a mi lado, aguantarme y amarme a pesar de todo,
abrazarme en mis momentos de encabronamiento, deshacerte en explicaciones ante
mis peguntas capciosas y sobre todo, por despertarte a mi lado con una sonrisa
cada día.

