Thursday, September 18, 2008


Cuento para verte dormir

Una noche como tantas otras en que no podría dormir, abrí mi ventana para contemplar la luna, es que en realidad no puedo quietarme si es que no la veo, es como si la noche no fuera noche sin una luna brillante, no importa que no esté redonda y grande como una gota de rocío o cuando está como una cunita de bebé en la que me gustaría mecerte y velar tu sueño; precisamente ésta era una noche de ellas, con la luna en forma de cunita. Estaba mirando por la ventana hacia la luna y de repente ella me hizo un guiño, me extrañé, pero así fue, la luna, con su cara blanca y lozana me hizo un guiño; empezamos a conversar, le conté que tu estabas lejos, que te extrañaba y que lo que más quería era poder verte, aunque sea solo para besar tu frente mientras duermes. Entonces la luna hizo algo increíble, extendió uno de sus ases de luz hasta mi ventana y me dijo que caminara por ella, pensé que la luz no sería capaz de soportar mi peso, pero había un poco de neblina, así que el sendero de luz de luna se hizo un poco más grueso. Caminé por el y seguí caminando, no tenía frío porque las estrellas iban soplando aire tibio hacia mi. Caminé y caminé por mucho rato, sintiendo como las luces de la ciudad – que parecían barcas en la mar – iban alejándose y haciéndose cada vez más pequeñas. Después de tanto caminar, finalmente llegué a la luna, me senté en su curva muy pronunciada a descansar un poco, aun no sabia que era lo que la luna pretendía, hasta que me mostró otro rayito de luz que iba descendiendo, no sabía a donde exactamente llegaba, pero era lejos de mi casa, como aún faltaba mucho por amanecer fui caminando – mejor dicho deslizándome – por aquel haz de luz y de pronto me dí cuenta de que estaba cerca del mar, sentía el sonido de las gaviotas y el aire salino me irritó un poco los ojos, pero pensé que a medida que pasara el rato me acostumbraría. Pude ver la arena de la playa, que era bastante clara y parecía de plata blanca con el reflejo de la luz lunar. Seguí y seguí caminando por el as de luz y llegué hasta una casa que estaba no muy alejada de la playa, la luz me dirigió justo hacia una ventana, la que extrañamente estaba un poco abierta, mejor dicho, no tan extrañamente, era un lugar, un poblado no muy grande y bastante caluroso. Asomé mi cabeza un poco dentro de la ventana y vi una cama, era una habitación simple, un closet, un velador, una silla sobre la cual había un pantalón y algo sobre la cama solitaria… estabas tu, durmiendo profundamente, entré en la habitación – no sin antes preguntarle a la luna si me esperaría, a lo que asintió con un guiño – y me senté junto a ti en la cama. Te veías tan calmado, tan indefenso, tus brazos desnudos eran lisos y tersos, pero muy fuertes seguros y protectores, tu cabello liso dejaba caer un mechó sobre tu frente y así seguí contemplándote, tus ojos redondos descansaban después de un largo día, aquella nariz que me llamó la atención desde el primer minuto que cruzamos nuestras miradas, tan perfecta, recta y bien definida, tus labios rojos piden a gritos beber de los míos, entonces me acerco y te besos tímidamente, como si fuese la primera vez que lo hago, te moviste un poco, te saboreaste y volviste a acomodarte en la cama, boca arriba. Seguí contemplándote, miré tu cuello y me acerqué para sentir tu aroma y era el mismo de siempre, el mismo con el que te conocí, y aunque te viertas una y otra loción, ese aroma permanecería para siempre, es un aroma suave, tal vez imperceptible para otras personas, pero es lo que me hace recordarte siempre. Acaricié tu rostro y la piel seguía tan suave y tibia como la última vez que había deslizado mi mano por ella. Estaba tan absorta en aquellos pensamiento y un fuerte destello me despertó; una estrella fugan había pasado muy cerca de la ventana, avisándome que el tiempo se había agotado y que debía volver a mi casa, seguramente estaba pronto a amanecer. Besé tu frente y acomodé tus cobijas, ¡fue un cuadro tan lindo!, verte dormido con tanta paz; eso hizo que me fuera muy tranquila. Hice el mismo recorrido y vi alejarse las arenas de plata blanca, el sonido de gaviotas y el aire salino, caminé, caminé y caminé en ascenso hasta que llegué nuevamente a la luna, preferí no sentarme a descansar ésta vez, temí que el sol comenzara a aparecer y que la luna se deshiciera, no quería caer al vacío. Le di una mirada de agradecimiento a la luna y bajé por el as de luz deslizándome muy rápido. Finalmente llegué a mi ventana, la aventura por aquella noche había terminado. Mis pies casi sangraban por caminar tanto, pero valió la pena. Yo solo quería besar tu frente mientras dormías.

2 comments:

Trouble said...

Mi amor, como siempre mostrando tus dotes de artista, el cuento lo habia leido hasta cierta parte, pero lo terminaste si no mal recuerdo, me imagino tu figura en todo momento al leerlo, describes todo tan lindo.

Aparte del contenido, creo com siempre que tienes gran talento y que debes seguirlo explotanto, las vueltas de la vida nunca nos dejan de sorprender y tu habilidad en un fututo no muy lejano puede tener sus frutos.

Te amo, y te agradesco como siempre la hermosura de tu ser para conmigo.
Eres lo mas hermoso en mi vida

teamo!

Amma Sinclética said...

¡Qué interesante!